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Tu próxima contraseña saldrá de tu cuerpo

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jueves, 03 de julio de 2014
Biometría para aumentar la seguridad
Tu próxima contraseña saldrá de tu cuerpo

Hay muchas cosas en ti que te hacen diferente de todos los demás. No hablamos solo de aspectos como tu estilo, o tu particular sentido del humor. No, estamos hablando de cosas cuantificables, medibles y que permitirían a un ordenador distinguirte de otra persona. Parámetros biométricos que pueden identificarte de forma inequívoca allí donde quieras poner una barrera de seguridad.


Llevamos meses oyendo hablar de un futuro sin contraseñas. Las combinaciones de caracteres como método para identificarse han sido la norma durante años, pero no están exentas de inconvenientes. No es recomendable utilizar la misma para todo, y cuanto más compleja sea, más segura resultará. Pero con la cantidad de servicios y dispositivos distintos que utilizamos, el riesgo de olvidar o entremezclarlas es enorme. En el caso del desbloqueo del móvil, hay menos opciones y lo hacemos muchas veces al día, por lo que el problema no es tanto olvidar la combinación como el tedio de introducirla cada vez, así como el peligro de que alguien pueda reventarla y hacerse con nuestra información personal.


Nuevos métodos de identificación, más intuitivos y seguros, están surgiendo en masa, muchos de ellos relacionados con aspectos de nuestro propio cuerpo. No parece que las contraseñas vayan a desaparecer totalmente, al menos de momento, pero es de esperar que cada vez más tengan que convivir con otras formas de autentificación. Estas son algunas de ellas, desde las más comunes hoy en día hasta las que se encuentran en fase de desarrollo.


 

La yema de los dedos

El uso de la huella dactilar como barrera de seguridad lleva ventaja respecto a las demás, gracias al impulso que le dio que Apple la incluyese en el iPhone 5S. Poco después, Samsung anunciaba que también su Galaxy S5 incluiría este sistema de identificación.


Pero no solo de smartphones viven las huellas dactilares. Una startup catalana ha apostado por este sistema de verificación para realizar pagos. Solo hay que registrarse en un terminal específico, dando datos personales, tarjeta de crédito asociado y huellas dactilares y ya se podrá pagar en los comercios concertados.


La voz, una huella única

Los asistentes de voz están aterrizando en nuestra vida poco a poco. Al tratarse de una tecnología compleja, aún queda por delante un importante trabajo de perfeccionamiento, puesto que el nivel de algunos usuarios al tratar con Siri y otros sistemas similares no es despeciable.

 

Pero además de asistentes, la voz servirá como parámetro identificador, especialmente adecuado en dispositivos pequeños, como wearables y similares. Algunas empresas ya utilizan esta tecnología para detectar intentos de fraude en sus centros de atención telefónica, para dar acceso más rápido a sus clientes o para renovar las contraseñas de sus empleados.


Para funcionar se basan en lo que se llama la huella de voz: “analizamos muestras de voz y registramos la forma y longitud del tracto vocal, además del tono y el ritmo de conversación. Cuando un cliente se registra en el sistema, se recoge una muestra de voz y se extrae una huella que se almacena para usarla en el futuro”. Esa huella es el patrón con el que se compara la voz del cliente cuando vuelve a llamar, generando una tasa de coincidencia que bien da acceso al sistema o rechaza la entrada.


La forma de la oreja

La pantalla de muchos teléfonos puede reconocer patrones más complejos que un simple toque con un dedo. Por ejemplo, la forma de tu oreja contra la superficie.


El uso de la huella de nuestra oreja tiene algunas ventajas sobre el uso de nuestra huella dactilar. Para empezar, su tamaño permite escanearla utilizando tecnología del propio móvil, sin tener que implementar un sensor específico, lo que reduce su coste y aumenta su accesibilidad. Además, se trata de un gesto natural e intuitivo, como es llevarse el teléfono a la oreja.


Reconocimiento facial

Todo el que tenga una cuenta en Facebook, y a estas alturas son pocos los que se libran, ha sido sometido a un proceso de reconocimiento facial. La red social utiliza esta tecnología para identificar a las personas que aparecen en las fotos que subimos, sugerir etiquetas y, básicamente, interrelacionarnos lo más precisamente posible.


Otras tecnológicas, incluyen el reconocimiento facial en sus dispositivos para identificar al usuario pero a pesar de la mejora en la calidad de las cámaras, el número de falsos negativos es alto puesto que cosas como la luz o el ángulo de la cámara afectar a los patrones de reconocimiento. De tener un papel como sustituto o complemento de las contraseñas, esta tecnología aún tiene que mejorar.


Sí se utiliza, sin embargo, como parte de la acción policial. Si las cámaras de seguridad de un sitio público captan un delito, y es posible identificar al infractor utilizando el rastro de fotografías propias que vamos dejando por internet, la policía puede ahorrar mucho tiempo y facilitar su labor.


El ritmo de los latidos

La actividad cardiaca y sus señales eléctricas son distintas en cada uno de nosotros, y son muy difíciles de replicar. Hace ya años que tenemos la tecnología para registrar esos datos, pero solo hace poco ésta se ha reducido hasta hacerse portátil, accesible y poco invasiva.


La ventaja, además, es que no se conecta con un solo dispositivo, sino con todos: de forma inalámbrica se comunica con tu móvil, tu tableta, tu ordenador, tu sistema de domótica e incluso tu coche inteligente.


La velocidad al teclear

Igual que es posible reconocer a alguien por sus pasos, también nuestra forma de teclear es única: cada uno seguimos un patrón distinto de velocidad, ritmo, tiempo de pulsación de cada tecla y el espacio entre una letra y la siguiente.


Algo que podría expandirse a todo tipo de servicios. Es lo que pretenden algunas empresas especializadas en lo que llaman biometría del comportamiento. Ésta se basa en que de forma inconsciente, los individuos utilizamos el teclado y el ratón del ordenador de formas predecibles, y esas formas pueden identificarnos con acierto: cuánto tardamos en clicar botones que aparecen en la pantalla, cuánto tiempo pasamos moviéndonos sobre un menú, si nos movemos por la página usando la rueda del ratón, las teclas de posición o la barra de posición. Todas ellas combinadas crean un patrón único.

 

Noticia completa: el confidencial.com

 

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