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Biometría y las contraseñas del futuro ¿hasta qué punto son seguras?

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miércoles, 30 de diciembre de 2015
Biometría y las contraseñas del futuro ¿hasta qué punto son seguras?

Todos los días accedemos a los dispositivos inteligentes con numerosas contraseñas, como al ordenador, al correo electrónico, al banco o muchas otras cosas más. Sin embargo, los tiempos en los que había que memorizar las contraseñas y escribirlas manualmente posiblemente pronto queden atrás. Según algunos estudios, las claves de acceso alfanuméricas desaparecerán definitivamente en 2025. ¿A qué métodos tendremos que recurrir entonces para garantizar nuestra seguridad?

 

En pos de una seguridad revolucionaria para las contraseñas, la mayoría de los desarrolladores parecen estar de acuerdo en un punto fundamental: Las contraseñas del futuro deben ser inherentes al usuario, lo que significa, básicamente, que sólo el usuario debe poder insertar su propia contraseña.

 

Actualmente, cualquier persona puede facilitarnos sus contraseñas y permitirnos que las ingresemos nosotros para acceder a cualquier dispositivo, correo electrónico o cuenta bancaria, entre otras. Si en lugar de ello necesitáramos usar su huella digital, o algún rasgo físico, sería mucho más difícil de hacer y además, parece que es mucho más difícil de vulnerar.

 

Sin embargo, lo que probablemente reemplazará a las claves convencionales serán los identificadores biométricos que facilitan el reconocimiento del usuario a través de rasgos tan personales e intransferibles como sus huellas dactilares o el iris de sus ojos. Muchas compañías han comenzado a usar la ID táctil a una escala relativamente grande, aunque todavía no es su forma de autenticación principal, como es el caso de ciertos fabricantes de dispositivos inteligentes como Apple o Samsung que ya incluyen lectores de huellas dactilares en algunos de sus modelos para verificar la identidad de sus usuarios.

 

En este sentido, no sólo las empresas tecnológicas son conscientes del enorme potencial de este nuevo sistema y la banca tampoco ha querido quedarse atrás. Según una encuesta de PriceWaterhouseCoopers a responsables financieros y tecnológicos de todo el mundo, la banca móvil crecerá un 64% hasta 2016 y la banca online lo hará un 37%, por lo que la accesibilidad se erige en el factor clave de la banca móvil.

 

Sin duda, la identificación biométrica es mucho más cómoda, pero también tiene sus riesgos. Pongámonos en la situación de que, por un desafortunado incidente de seguridad, la información usada para identificarnos en nuestro smartphone ha sido robada. Si esta información consiste en un código pin, contraseña o patrón, siempre podemos cambiarlos para evitar que alguien acceda sin nuestro permiso al dispositivo. En cambio, si la identificación se realiza mediante un proceso biométrico y estos han sido robados por un atacante, tendremos un problema más grave puesto que, supuestamente, nadie va a cambiarse sus huellas dactilares, su cara o su iris. Esto empieza a ser realmente preocupante cuando ya se ha demostrado que esta información biométrica puede ser obtenida, por ejemplo, a través de fotografías de la víctima.

 

Encontrar un sustituto a las contraseñas tradicionales es algo en lo que llevamos embarcados años. No es fácil implementar una solución que convenza a todo el mundo y que además sea segura. Por eso creemos necesario que los fabricantes de estos dispositivos se tomen en serio la seguridad de sus usuarios y sigan desarrollando soluciones cada vez más eficaces, hasta entonces, asegúrese de que sus contraseñas sean lo más complejas posible.

 

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