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El fraude operacional en cifras

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miércoles, 10 de julio de 2013
El fraude operacional en cifras

Robos de identidad, delitos electrónicos, clonación de tarjetas o ciberataques a sistemas de información o de infraestructuras críticas,  son nuevas conductas delictivas con creciente incidencia que suponen graves perjuicios para los países y su tejido empresarial en términos de pérdida económica y de rentabilidad.


Así, hemos sabido, según la Encuesta Global 2013  sobre seguridad informática corporativa, que el coste medio de un ciberataque asciende a los 500.000 euros para una empresa. Y en el caso de fraude con tarjetas de crédito, los datos publicados por FICO señalan que en nuestro país ha supuesto unas pérdidas de 96,2 millones de euros en los últimos 7 años.

 

Una problemática que se extiende al caso del fraude en la solicitud de operaciones, una cuestión con consecuencias de gran impacto negativo en términos económicos tanto en los consumidores como en las entidades que lo sufren.

 

En los países de nuestro entorno también las cifras hablan por sí solas en el caso del fraude operacional.

 

En el Reino Unido, el fraude supone para su economía un coste que asciende a 38.000 millones de libras anuales. De ellos, 21.000 millones corresponden al sector público, y 12.000 millones al privado.


Además, según los datos de la Autoridad Nacional contra el Fraude, se conoce que en las operaciones de fraude en las empresas británicas, los servicios de financiación al consumo son los que registraron un mayor volumen de pérdidas, hasta alcanzar los 3,6 mil millones de libras.


Con respecto a Alemania, según una encuesta realizada por PricewaterhouseCooper a bancos y empresas de seguros, se sabe que dos millones de empresas sufrieron daños de más de un millón de euros por fraude en solo un año, y más de una cuarta parte de las instituciones financieras alemanas sufrieron graves pérdidas no materiales por el fraude.

 

En Italia, si bien la cuantificación del fraude resulta difícil pues las instituciones financieras son reacias a compartir datos, en una encuesta llevada a cabo por Il Sole 24 Ore, se indica que los casos de fraude de identidad ascienden a 25.000 en un año y que las pérdidas de las entidades financieras de crédito italianas se sitúan entre 1,6 mil millones y 2.000 millones de euros.


Además, según las investigaciones llevadas a cabo a través del PROYECTO ALIAS, impulsado por la Oficina Central de Fraude en Medios de Pago del Ministerio de Economía y Hacienda italiano y el Centro de Investigación y Estudios de Seguridad y del Delito de aquel país, el 2,1% de los ciudadanos italianos son víctimas cada año de fraude en tarjetas de crédito y un 0,56% en fraudes de identidad.

 

En definitiva, estas cifras muestran que el fraude tiene un impacto muy negativo en los consumidores, las instituciones de crédito y la economía.

 

Como contrapartida, la respuesta de muchas empresas como forma de prevención y detección del fraude, está en la aplicación de recursos adicionales para aquellas prácticas que consistan en obtener la aprobación de operaciones aportando datos irregulares, como podría ser la presentación de un DNI falso.

 

Sin embargo, parece que las aplicaciones tecnológicas individuales han demostrado ciertas carencias en la prevención del fraude y que la solución más eficaz pasaría por crear plataformas tecnológicas que permitan la participación de distintas entidades, con información compartida.

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