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El Smart Car no será “smart” mientras no se mejoren las medidas de seguridad

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lunes, 07 de diciembre de 2015
El Smart Car  no será “smart” mientras no se mejoren las medidas de seguridad

El Smart Car ha llegado al mercado y parece buscar su hueco, lo que puede suponer un nuevo avance del Internet de las Cosas. El mundo del automóvil no cesa en su empeño de crear modelos cada vez más seguros, y las ayudas a la conducción junto con la conducción autónoma son los dos focos de atención.

 

En la actualidad, existen dos líneas de trabajo que dominan el mundo de la tecnología aplicada al futuro del sector del automóvil. Por un lado, la tecnología aplicada al desarrollo de coches autónomos, y por otro, el inagotable mundo de los sistemas que buscan mejorar proactiva y reactivamente la comodidad, el entretenimiento y la seguridad de los vehículos.

 

Los vehículos inteligentes proporcionan al usuario mayores comodidades y una mejora de la seguridad al volante, pero ¿está preparada la tecnología para cubrir los posibles ataques a la “ciberseguridad”? Parece ser que no.

 

Por poner un ejemplo, Google, pionero en el desarrollo del Smart Car, decidió que su coche sin conductor tuviera, además de radares, cámaras o sistema de posicionamiento GPS, un potente ojo encima del vehículo capaz de contemplar toda la escena girando 360º. Se ha comprobado que con tan sólo un puntero láser se puede engañar al sensor haciendo creer al automóvil que hay una pared, otro coche o una persona a su lado, obligándole a reducir la velocidad o incluso detenerse bruscamente.

 

Hemos visto bastantes casos de coches que pueden ser hackeados por personas externas al vehículo que toman el control del mismo para cambiar algunas configuraciones como la dirección, el acelerador o funciones del ordenador de abordo. No dejan de ser más que proyectos específicamente desarrollados para poner en jaque la seguridad de los coches autónomos aún cuando ni si quiera han llegado a las carreteras.

 

Es importante que hablemos sobre ello y que las empresas de seguridad trabajen en este campo. Los fabricantes deberían centrarse en tres aspectos: los sensores del vehículo, la red interna de éste y el ordenador de abordo. Para ello, han de incorporar “mecanismos de autenticación y autorización” para certificar que las órdenes recibidas proceden del ordenador del coche.

 

El principal problema que propicia estas vulnerabilidades es que el sistema interno de comunicación de los vehículos, que conecta el ordenador de a bordo con todos los sensores, frenos, airbags y demás dispositivos del coche,  no está diseñado para ser seguro, sino para reaccionar rápido y evitar posibles accidentes.

 

Aunque por el momento los ataques se limitan a una unidad específica, los fabricantes deben pensar ya en la seguridad de los automóviles sin conductor y tomar las máximas medidas de seguridad posibles si quieren evitar que sean potenciales peligros en la carretera, ya que si un coche autónomo tiene entradas mediocres, tomará decisiones de conducción mediocres.

 

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