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La seguridad en materia de domótica, a examen

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martes, 21 de marzo de 2017
La seguridad en materia de domótica, a examen

Cuando hablamos de domótica es necesario hablar de Internet de las cosas. En los últimos años estamos viendo un incremento constante de dispositivos conectados a la red, algunos con funcionalidades más que dudosas pero que no hacen sino engrosar la lista de dispositivos a los que, sólo por el hecho de estar conectados a Internet, se consideran “inteligentes”.

 

Centrada en la automatización y en facilitar la gestión de varios aspectos de nuestro hogar, los avances realizados en los últimos años en materia de domótica han conseguido que sea relativamente fácil y económicamente permisible controlar remotamente muchas de las tareas que realizamos en el hogar. Esta implementación se está llevando a cabo tanto en entornos domésticos particulares como en varias cadenas hoteleras y, en muchos casos, permiten gestionar eficientemente todos los parámetros que hayamos estipulado desde nuestro smartphone o tableta.

 

Sin embargo, como suele suceder en demasiadas ocasiones, no es extraño ver sistemas domóticos en los que la seguridad es escasa o directamente brilla por su ausencia. De esta forma, un atacante podría acceder a controlar aspectos tan cruciales como el sistema de vigilancia, las alarmas, la temperatura del aire acondicionado y el agua, las persianas, las luces o el hilo musical, por poner solo unos ejemplos.

 

Dispositivos cotidianos conectados a Internet

 

En primer lugar tenemos que mencionar el modem/router. El técnico de la operadora de turno venía a casa y nos lo dejaba instalando y funcionando, y mientras funcionase de forma correcta, no había nada de lo que preocuparse. Aún a día de hoy, la gran mayoría de los usuarios no se preocupa lo suficiente de la seguridad de ese dispositivo y es que la máxima de “si funciona, no lo toques” sigue instaurada con plena vigencia en el pensamiento colectivo, más si hablamos de un dispositivo que, si deja de funcionar, tiene como consecuencia la pérdida del acceso a Internet.

 

Otros dispositivos que se han popularizado en los últimos años han sido las cámaras IP de vigilancia, muy fáciles de configurar y que permiten observar lo que ocurre dentro de su alcance, ya sea en un circuito cerrado o a través de nuestro móvil. Estos dispositivos incorporan un pequeño ordenador en su interior del que nos deberíamos preocupar, ya que nos podemos encontrar con que un atacante haya incorporado la señal de nuestra cámara IP a su colección, y puede ver nuestra vida en directo como si de un reality show se tratase. Peor aún si se ha hecho con el control de nuestro router, puesto que podrá obtener toda la información que pase a través de él y que incluye datos confidenciales como contraseñas, números de tarjeta de crédito o información confidencial.

 

Internet de las cosas no se quedó solo en esos dispositivos, se ha ido extendiendo a otros y, por ejemplo, a día de hoy ya es realmente difícil ir a comprar un televisor que no tenga la etiqueta Smart en el nombre. Teniendo un dispositivo así no es de extrañar que los delincuentes estén empezando a hacer sus pinitos y a controlar remotamente las televisiones. Ya se han dado casos de ransomware en algunos modelos de smart TV, donde usuarios se han encontrado un mensaje en el televisor exigiendo un rescate si quieren volver a utilizarlo.

 

Desde el salón, pasamos a otros espacios de la casa como la cocina, que ha visto como el desarrollo de Internet de las cosas ha afectado a muchos de los electrodomésticos. Para que esto sea posible, tienen que estar conectados a la red WiFi doméstica con nuestra contraseña. Algunos electrodomésticos como la cafetera guardan la contraseña de nuestra WiFi sin ningún tipo de cifrado y que, por ende, cualquier delincuente puede obtenerla y acceder a nuestra red doméstica para realizar todo tipo de maldades.

 

El electrodoméstico que más se ha transformado en los últimos años es la nevera, ya que actualmente, entre otras funciones, permite hacer pedidos al supermercado o incluso permitir que el propio frigorífico realice los pedidos de forma automática cuando revise que tenemos pocas existencias de algún producto. Evidentemente, para realizar estas funciones, hace falta tener algún medio de pago almacenado en la nevera y es ahí donde comienzan los problemas. ¿De verdad le confiamos los datos de nuestra tarjeta de crédito a un electrodoméstico?

 

Sin embargo, los casos que más nos preocupan son aquellos que involucran a niños de corta edad. La conexión de juguetes a Internet ha ido produciéndose de forma gradual y la posibilidad de que ese juguete no solo responda a sus preguntas, sino que sea capaz de entablar una conversación debería preocuparnos aún sin tener en cuenta los problemas de seguridad informática existentes.

 

Esta comunicación no se realiza realmente con el juguete puesto que este aprovecha la red WiFi de la casa para conectarse a unos servidores gestionados por empresas que son los encargados de proporcionar esos “asistentes” de conversación. Serían algo como Siri o Cortana en los móviles, pero aplicados a la industria juguetera. Como ya hemos visto, cualquier comunicación por WiFi es susceptible de ser interferida si no está debidamente fortificada y, siendo una de las partes un menor, deberíamos ser conscientes de los peligros que entraña una conversación con un delincuente que podría convencer al menor para que, por ejemplo, abriese la puerta de su casa o le dijese los números de la tarjeta de crédito de su padre o madre.

 

 Fuente: ASNEF

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