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¿Sabías que el fraude interno le cuesta hasta un 7% de ingresos a las empresas?

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lunes, 26 de noviembre de 2012
¿Sabías que el fraude interno le cuesta hasta un 7% de ingresos a las empresas?

Hay muchos tipos de fraude. Y aunque comúnmente se suele pensar en fraude al Estado o a usuarios, también existe el fraude interno en una empresa. Esto supone pérdidas de entre un 6% y un 7% a las compañías que lo sufren. Empleados o ejecutivos que realizan actos fraudulentos de forma ocasional o habitual. De hecho, la mayoría de fraudes que sufre una empresa los realizan trabajadores de la misma.


Según algunos estudios, las empresas estadounidenses por ejemplo pierden una media de 9 dólares al día por fraudes internos. En términos relativos, las pérdidas alcanzan entre un 6% y un 7% de los ingresos brutos, según la ACFE (Association Certified Fraud Examiners). Aunque no hay estadísticas concretas para España, los expertos sostienen que las cifras podrían alcanzar horquillas de similar importancia.


La tipología del fraude interno en una empresa es múltiple. Robo de mercancías o materiales, espionaje para los competidores, engaños con las jornadas laborales, falsificación de ejercicios de contabilidad o auditorías internas, etc. La mayor parte de fraudes los cometen empleados de bajo rango. Sin embargo, son fraudes menores y de escasa importancia. Los cometidos por mandos medios o ejecutivos, se dan en menor cuantía, pero su coste es mayor. Por ejemplo, es más común encontrarse con jornadas laborales que no se cumplen de facto, o robos de materiales de uso cotidiano. En estos casos suelen producirse por trabajadores de bajo rango. Pero son los ejecutivos los que normalmente tienen acceso a maquillaje de contabilidad para cobrar bonus o espionaje para empresas del mismo sector. Son prácticas menos habituales, pero mucho más dañinas.


El fraude interno puede mermar los ingresos de la empresa que lo sufre, perder competitividad frente a sus rivales, o incluso ocasionar problemas jurídicos. Por eso, las empresas deben saber prevenirlo y combatirlo. Normalmente, el fraude se descubre por controles internos y auditorías, informantes, mecanismos previstos, o por accidente.


Para localizar y atajar un fraude, los expertos señalan que la compañía debe primero conocer y entender los hechos. Después, hay que desarrollar un plan de investigación para esclarecer el fraude, los culpables y la magnitud del hecho. Este punto es importante. Porque no sólo se trata de descubrir un fraude, sino aprender de él. Saber qué ha motivado al infractor, qué controles han fallado, si es una práctica habitual o puede serlo, el coste para la empresa, etc. El plan, además, ha de ser cuidadoso, para no levantar miedos o incertidumbre en el foro interno de la empresa.

 

Por último, ha de ejecutarse la investigación. Puede haber análisis de datos financieros, de sospechas y pruebas, o entrevistas. Una vez que se ha alcanzado un resultado, deben tomarse medidas para remediar en lo posible el daño producido por el fraude, y evitar que se vuelva a producir.

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