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Cómo cuidar de tu tarjeta de crédito para evitar que te timen

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jueves, 05 de octubre de 2017
Cómo cuidar de tu tarjeta de crédito para evitar que te timen

Robo, extravío, sustracción por Internet... si tu dinero de plástico corre peligro debes saber reaccionar


Pese a que algunas veces se dan robos muy sofisticados, es cierto que los fraudes relacionados con las tarjetas de pago en cajeros automáticos son algo bastante residual: en 2015 representó apenas un 4% de todos los fraudes que se produjeron, según la última memoria anual sobre la vigilancia de sistemas de pago del Banco de España.


Pero fraude sobre el dinero de plástico, sin embargo, está lejos de haberse extinguido. “Los ladrones han dejado paso a los ciberdelincuentes”, explican desde la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). La mayor parte de los 687.000 robos con tarjetas registrados en 2015, por un importe total de 52 millones de euros, se produjeron en compras a distancia”, añaden. El reforzamiento de las medidas de seguridad de los cajeros automáticos y de las propias tarjetas, como la implantación del chip electrónico, unido al aumento de los pagos con tarjeta a través de internet, ha provocado que los riesgos surjan ahora en la red.


Entonces, ¿cómo actúan los ladrones y cómo se pueden evitar los fraudes?


No facilites los datos de la tarjeta


El 55% de las operaciones fraudulentas con las tarjetas de pago se realizan en operaciones a distancia, según el Banco de España. Los mismos datos de la tarjeta que los ladrones antaño intentaban obtener a través de la observación directa del soporte físico, ahora los obtienen a través de Internet. Esto ocurre sobre todo cuando los pagos se realizan por parte de los usuarios en entornos no seguros.


¿Quién no ha recibido nunca en su correo electrónico una supuesta petición del banco o de alguna Administración para que proporcione los datos de su tarjeta y de su PIN? Ante este tipo de correspondencia, a veces fácilmente detectable, por estar plagada de errores ortográficos, debemos ser cautos, porque ni nuestro banco ni ninguna institución nos van a solicitar esta información de esta forma. Lamentablemente, son muchos los usuarios que pican y facilitan el acceso directo a su tarjeta y a las transacciones que se puedan hacer con ella.


En respuesta a este problema, sin embargo, se está difundiendo cada vez más el llamado comercio electrónico seguro, una práctica por la que los establecimientos que operan a través de internet y admiten pagos con tarjeta, antes de autorizar la operación, envían una clave al móvil del titular. La única manera para completar el pago será facilitar la clave. Esta medida frustra una buena parte de las operaciones iniciadas por los delincuentes.


Comunica rápidamente el robo a tu banco


Cuando el propietario de una tarjeta la pierde o alguien se la roba, el mayor riesgo será su utilización por parte de otra persona en comercios online. Por ello es fundamental que el titular, además de ser diligente en la custodia del instrumento y del PIN, comunique rápidamente a su entidad bancaria la pérdida o sustracción de la tarjeta, para que sea anulada. Menos probable es que la tarjeta perdida o robada sea utilizada en cajeros o para pagar presencialmente en comercios físicos (los fraudes cometidos con tarjetas en TPV físicos fueron el 41% del total en 2015), ya que para ello sería necesario conocer el PIN.


¿Quién asume la pérdida?


El problema, en el caso de un uso indebido de la tarjeta, es fijar el nivel de responsabilidad de su titular. La Ley de Servicios de pago establece que el propietario del plástico debe tomar todas las medidas razonables con el objetivo de no revelar los elementos de seguridad del que sea provisto, sobre todo el PIN.


Según esta norma, el titular es responsable por el uso fraudulento de su tarjeta solo por una cuantía máxima de 150 euros salvo que la operación de pago no autorizada fuera fruto de su acción fraudulenta o del incumplimiento deliberado o por negligencia grave de sus obligaciones. En este caso deberá soportar todas las pérdidas derivadas.


En el caso de robo, extravío o utilización no autorizada de la tarjeta, el deber de su propietario será notificarlo sin demoras a la entidad. Tras esta notificación, el cliente ya no será responsable de cualquier consecuencia económica por el uso fraudulento de su plástico. La clave, entonces, es saber qué ocurre con los fraudes cometidos antes de la notificación a la entidad. Si el cliente ha sido diligente en la custodia de la tarjeta no debe temer, en principio, consecuencias económicas adversas.


Si te la roban, denuncia


Extremar la diligencia en su custodia. Es este el principal consejo para los titulares de tarjetas de pagos, aunque las precauciones pueden ser especialmente complicadas de adoptar en época de vacaciones o de salida del domicilio habitual. Se trata de ver la tarjeta no como un simple trozo de plástico, sino como la llave a nuestro dinero.


Muy útil se revela también, en sus palabras, la revisión frecuente de los extractos bancarios para identificar con rapidez cualquier operación irregular. Ante la menor duda lo mejor es contactar con nuestra entidad y, por precaución, ordenar la anulación de la tarjeta.


Si, pese a todas las medidas que hayamos adoptado, se ha cometido un fraude con nuestra tarjeta, lo primero que se debe hacer es contactar con la entidad emisora. En el caso del robo, poner una denuncia para aportarla posteriormente a la entidad bancaria.


Salvo si el contrato de emisión de la tarjeta dispone algo distinto, el cliente deberá acudir a su sucursal para que esta le restituya las cantidades robadas. Si no se le atiende favorablemente, el usuario deberá dirigirse al servicio de atención al cliente. En último término, quedará el recurso a la autoridad judicial.


Fuente: El País.

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