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El coronavirus precipita la muerte del efectivo

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martes, 12 de mayo de 2020
El coronavirus precipita la muerte del efectivo

Las medidas higiénico-sanitarias para prevenir el contagio han provocado, entre otras cuestiones, que la retirada de efectivo de los cajeros haya descendido casi a la mitad – entre el 40% y el 57% - durante el mes de abril.

 

Mucho más que el consumo general en el pago con tarjeta de crédito y débito que ha disminuido un 30%, considerando que bares, restaurantes, hoteles y grandes comercios han permanecido cerrados por esa misma situación excepcional impuesta por la crisis sanitaria

 

Durante el mes de abril, algunos sectores han incrementado excepcionalmente los pagos con tarjeta con respecto a la misma época del año anterior. En supermercados y farmacias, la facturación con plásticos se ha incrementado un 65% respecto a la misma fecha del año pasado.

 

Hay que tener en cuenta que a finales de marzo todos los bancos acordaron elevar de 20 a 50 euros el importe máximo para pagar con tarjeta ‘contactless’ sin introducir el PIN, medida que ya está implementada en la mayoría de datáfonos de todos los bancos.

 

 Sin colas en los cajeros

 

Aunque no existe unanimidad sobre si el coronavirus ha supuesto el principio del fin del uso de efectivo en los pagos habituales de consumo. Un informe reciente de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) pone de relieve que pese a que una de las actividades permitidas durante el estado de alarma es ir al cajero para sacar dinero, se trata de un servicio en el que no han abundado las colas.

 

Y eso que al principio de la pandemia, se vio cierta tendencia a acaparar dinero en efectivo como depósito de valor. Además, la pandemia ni siquiera ha frenado la emisión de billetes, que ha aumentado en alrededor de 53.600 millones de euros en el conjunto del Eurosistema y en algo más de 4.200 millones en España desde la declaración del estado de alarma y hasta el 30 de abril.

 

La Imprenta de Billetes (Imbisa), sociedad controlada por el Banco de España y la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y encargada en nuestro país de fabricar los billetes, suspendió su actividad durante algunas semanas como medida de seguridad, aunque la fabricación de billetes se hace de forma mancomunada por todos los bancos centrales de la Eurozona y con una planificación establecida con mucha antelación. «La producción de los próximos meses dependerá de las necesidades del conjunto del Eurosistema con una visión a medio y largo plazo, y siempre en coordinación con el BCE», señalan fuentes del Banco de España.

 

El principal motivo de esa caída del uso del efectivo ha sido, en primer lugar, las medidas restrictivas derivadas del estado de alarma. Con gran parte del comercio, la hostelería y otros negocios con la persiana bajada y los ciudadanos recluidos en sus casas, el consumo se ha parado. Pero, además, la incertidumbre sobre el futuro de la economía y el empleo han comenzado a provocar una tendencia al ahorro.

 

 Un 49% menos de gasto al día

 

Esto y el hecho de que parte de las compras se han desplazado de las tiendas físicas al canal “online” no ha sido suficiente para compensar el inédito descenso del gasto de los consumidores. Según un análisis de BBVA Research en base a transacciones con tarjetas y en terminales de punto de venta (tpv), desde la declaración del estado de alarma el 14 de marzo, el gasto medio diario con tarjeta por persona es un 49% inferior al hecho en el mismo día del año anterior. Otros bancos informan a este diario también de un descenso del 40% en pagos con tarjetas y en tpv.

 

También han aumentado de forma muy notable, en torno a un 70% y un 80%, las transferencias entre particulares a través de las páginas web y aplicaciones móviles de los bancos. “A pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) desmintió que el coronavirus se hubiera propagado por el uso de billetes y monedas y, de que el Banco Central Europeo  insista en que la probabilidad de contagio mediante el dinero físico es muy baja, el miedo a infectarse de covid-19 parece estar detrás de la caída del uso de efectivo, que prácticamente ha desaparecido durante el confinamiento. En algunos espacios, como los autobuses públicos de Valencia, Zaragoza, Málaga o Madrid, ni siquiera es posible pagar en metálico”, destaca el informe.

 

En el sector financiero existen elevado consenso sobre que la tendencia a la desaparición es inevitable en la Unión Europea (UE), aunque no definitiva, "sobre todo mientras que en Alemania el uso de efectivo siga siendo relativamente elevado", comentan fuentes de un banco español.

 

 El efecto tecnológico

 

En el aspecto tecnológico, los más jóvenes van por delante – la media de edad es bastante más baja que la de la banca tradicional. Sin embargo los más de nueve millones de pensionistas, de los que más de dos millones no viven acompañados, realizan sus pagos y operaciones comerciales de forma mayoritaria mediante dinero físico. Además, una parte de la población más joven no tiene acceso a las tarjetas bancarias.

 

 Menos efectivo para evitar el blanqueo

 

La ley 7/2012 del 29 de octubre limitó a 2.500 euros (o su contravalor en moneda extranjera) el pago en efectivo en las operaciones en las que una de las partes actúe como empresario o profesional. La medida tenía un propósito de lucha contra el fraude fiscal y ahora el Gobierno de Pedro Sánchez plantea reducir este límite a 1.000 euros dentro del proyecto de ley de prevención contra la evasión de impuestos que el Ministerio de Hacienda pretende llevar al Consejo de Ministros. La restricción del pago en efectivo va tras los pasos de las medidas tomadas en países más avanzados en el uso casi único de la tarjeta de crédito, como Dinamarca, Suecia o Noruega, donde el pago con efectivo es prácticamente testimonial.

 

El esfuerzo fiscal, orientado desde la UE, se ve acompañado de determinados movimientos realizados desde la autoridad monetaria europea. El BCE ya eliminó los billetes de 500 euros para no favorecer el fraude. Dejaron de imprimirse en el 2018. La retirada del billete 'Bin Laden' se debía a que era los utilizados básicamente para actividades criminales y terroristas. De hecho, un estudio del BCE, detecto un uso poco frecuente: un 56% de los ciudadanos europeos nunca había visto un billete de ese importe. En el debate sobre la supresión de los billetes de mayor importe, los de 200 parecen estar ahora en el punto de mira.

 

 

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