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Los aprovechados del miedo

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martes, 07 de abril de 2020
Los aprovechados del miedo

Desde la venta de mascarillas a domicilio que nunca llegan hasta el hacerse pasar por funcionarios de la sanidad pública, personas que se hacen pasar por empleados de una cadena de supermercados o empresas fantasma que se encargan de llamar a personas mayores para hacerles una “prueba gratuita de coronavirus” a domicilio. Todas estas triquiñuelas buscan conseguir datos bancarios para después vaciar las cuentas.

 

El miedo suele ser un gran aliado en estados de alarma como el que ahora atravesamos. Aprovechando la situación, estafadores y delincuentes intentan hacer su temporada alta ya que el raciocinio de las personas anda ocupado en otros menesteres, haciéndoles más proclives a caer en engaños y fraudes.

 

Pero el gran tirón que están teniendo  las ciberestafas son plataformas en las que se venden productos profilácticos que nunca llegan, o empresas que venden contenidos digitales, con suscripciones a servicios que directamente no existen. Muchas veces, estas transacciones se realizan suplantando a organizaciones como Unicef o la Organización Mundial de la Salud y buscan, además de nuestro dinero, nuestros datos personales (para luego conseguir dinero, sin duda).

 

Estos ataques son conocidos como phishing, adquirir información confidencial de las víctimas suplantando la identidad de una fuente legítima. El fenómeno existe desde que existe Internet, pero un detonante como una situación de alarma lo ha agravado.

 

Es sorprendente lo rápido que los delincuentes desarrollan sus modelos de fraude, en el sector farmacéutico, ya antes de la aparición de esta crisis, siempre han aparecido medicamentos falsificados en Internet fácilmente adquiribles en momentos en que escasean. En una reciente investigación mundial en 90 países junto con otras autoridades policiales, se identificaron más de 2.000 sitios web en los que se ofrecían píldoras, aerosoles o ungüentos ineficaces contra el coronavirus.

 

Para protegernos de estos delincuentes no hay nada como el sentido común y una alta dosis de desconfianza. De hecho, las autoridades recomiendan a los consumidores desconfiar si en la publicidad y ofertas de venta de productos o servicios se utiliza un lenguaje o imágenes que sugieran explícita o implícitamente que un producto puede prevenir o curar la infección por COVID-19; o se hace referencia a médicos, profesionales sanitarios, expertos u otras fuentes no oficiales que declaran que un producto puede prevenir o curar una infección por el coronavirus.

 

Igualmente, siempre hay que desconfiar  si se utilizan expresiones que urgen al usuario a adquirir el producto haciendo referencia a la escasez o a la oportunidad. Y, por supuesto, hay que desconfiar también si se pide información personal sin justificación o si se precisa instalar algún tipo de aplicación para adquirir el producto o servicio.

 

Pero estas estafas no solo las reciben personas individuales fruto del miedo o la incertidumbre, sino también a los propios gobiernos. En Bélgica, las autoridades ordenaron mascarillas a un fabricante de Turquía por cinco millones de euros que nunca fueron entregadas, según informó el periódico belga Le Soir. En España, las autoridades también fueron timadas con miles de test ineficaces que daban demasiados resultados negativos.

 

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