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Robo de identidad, aunque la sociedad está más concienciada el delito aumenta

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viernes, 14 de septiembre de 2018
Robo de identidad, aunque la sociedad está más concienciada el delito aumenta

A pesar del avance en las medidas de seguridad de Pasaportes, Documentos Nacionales de Identidad y carnets de conducir que ya incorporan multitud de elementos diferenciales y elementos, como el área para la lectura automatizada de caracteres Machine Reading Zone, MRZ, o incluso datos biométricos, la realidad es que hasta ahora tan sólo hemos conseguido generar la sensación de que estamos seguros. Lamentablemente, en demasiados casos es sólo eso, una sensación.

 

El pasado año, tan sólo en los Estados Unidos se defraudaron más de 16 mil millones de dólares a un total de 15 millones de ciudadanos mediante el fraude de identidad, con pasaportes y carnets de conducir robados y falsos, según se desprende del último informe de Fraude del Insurance Information Institute.

 

Atendiendo a las cifras oficiales, en este caso del órgano regulador europeo para la protección de datos, cada segundo se roban 35 datos de identidad en el mundo. Esto significa también según la misma fuente, que el año pasado se robaron la friolera de 421.000.000.000 de datos de identidad.

 

Quizás el bien más preciado que tenemos las personas es nuestra propia identidad, nuestro ser ligado a un nombre. Saber que alguien está sacando provecho de nuestra identidad es un gran varapalo. Las víctimas de robo de identidad pueden, potencialmente, sufrir graves consecuencias como resultado de las acciones del perpetrador del crimen. Un ejemplo de esto es el caso extremo, pero que ha ocurrido, en que el criminal adquiere un crédito para comprar una casa o algún otro bien. Una persona pudiera ignorar que ha sido víctima de robo de identidad por mucho tiempo, hasta que los acreedores empiecen a tratar de cobrar los pagos del compromiso que el malhechor adquirió a nombre de la víctima. En casos menos extremos, comienzan a aparecer cobros no identificados en las tarjetas de crédito de las víctimas.

 

Hay que tener muy presente que las entidades de préstamo están plenamente capacitadas para su detección y que sus comités de riesgo tienen la obligación de reportar las actividades fraudulentas a la policía, con la ventaja de todo el rastro que se deja a través de la tecnología cuando se trata de solicitudes de préstamos online.

 

Los usuarios son cada día más conscientes de la necesidad de proteger sus datos personales. Aunque existe un gran desconocimiento de los riesgos reales a los que están expuestos, cada vez está más generalizado el sentimiento de amenaza de la suplantación de identidad y, por ello, los clientes acuden a sus entidades bancarias y aseguradoras para hacerse con las herramientas adecuadas que les protejan contra el fraude.

 

Por este motivo, una solución sería implantar proyectos de protección a nivel cooperativo y sectorial, con protocolos de actuación, que permitan detectar las primeras señales de un posible fraude si un individuo solicita un préstamo en un banco con datos diferentes a los facilitados en otras entidades, como una dirección que no existe o un teléfono móvil que ya está inactivo.

 

Este tipo de delito es complejo e insidioso, y sus consecuencias pueden ser desastrosas. De repente, las víctimas descubren que alguien está contrayendo cuantiosas deudas, estafando a los acreedores y realizando otras fechorías en su nombre. Aunque las leyes de varias naciones eximen de responsabilidad a los perjudicados, estos no se libran del daño ocasionado a su reputación y a su historial de crédito.

 

 

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