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Cibercrimen, un problema en crecimiento que supone ya casi el 1% del PIB mundial

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martes, 05 de septiembre de 2017
Cibercrimen, un problema en crecimiento que supone ya casi el 1% del PIB mundial

El proceso de digitalización derivado del avance de las nuevas tecnologías es  para las instituciones financieras un paso inexorable en la carrera por la competitividad y la productividad. Un salto a lo digital que sin embargo no está carente de riesgos. El fraude, el robo de identidad e información o el sabotaje de infraestructuras son algunas de las amenazas a las que las organizaciones deben hacer frente de forma inmediata.

 

De hecho, la ciberseguridad es ya un problema global y sistémico hasta el punto de que el Foro Económico Mundial lo incluye desde 2014 en la lista de los cinco principales riesgos globales, en términos de probabilidad, junto al cambio climático, el desempleo, las catástrofes naturales y la desigualdad económica.

 

Vamos a situarnos en el año 2020, a menos de tres años vista. Posiblemente no haya muchos cambios en nuestras vidas, o sí. Veamos qué puede cambiar: nuestro trabajo puede que cada vez esté más mecanizado, o gran parte de nuestro trabajo ya lo estén haciendo bots; para desplazarnos nos moveremos con un vehículo inteligente, nuestra casa también será inteligente y casi todos nuestros electrodomésticos actuarán por sí solos, por ejemplo, nuestro frigorífico pedirá la compra por nosotros. También nuestra reputación virtual será más importante que la física, porque tendremos toda nuestra vida en las redes sociales, incluidos nuestros estados de ánimo.

 

En concreto, la gama de amenazas que convergen hacia el año 2020 son las siguientes: suplantación de identidad con técnicas cada vez más sofisticadas; tecnologías que se basan en estados de ánimo y en la detección de la presencia remota; denegación de servicios utilizando la nube, botnets en la nube, mercado ilícito de objetos virtuales, ataques físicos a centros de datos, ataques a infraestructuras críticas, micro-criminalidad de pagos, Brio-hacking, malware para seres humanos, guerras de pandillas cibernéticas, inteligencia criminal a partir del big data, secuestros del avatar, manipulación sofisticada de la reputación, hacking a dispositivos conectados -Internet de las cosas-.

 

Los daños derivados de un ciberataque pueden ser muy graves. De acuerdo con un estudio de McAfee, se estima que el cibercrimen tiene un impacto global en la economía de entre 300.000 millones y un billón de dólares al año, cerca del 1% del PIB mundial, equiparándose al narcotráfico o la piratería.

 

El sector que más sufrirá será el financiero, los ataques serán más habituales de lo que son ahora, y no por ser más complejos, sino por aprovechar las vulnerabilidades que generan los propios Estados, como ya ha pasado, por ejemplo con el ramsonware Wanacry y Petya.

 

Como se ha pretendido exponer, tenemos un futuro con múltiples avances, lo más importante es que son avances muy rápidos, ya casi hemos pasado la revolución tecnológica para adentrarnos en una nueva que cambia cada 24 horas. Por ello las organizaciones deben realizar un análisis detallado de la exposición a los riesgos asociados a la ciberseguridad e implantar una estrategia de seguridad acorde a la misma y a las necesidades, posibilidades y recursos de cada organización.

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