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Datos, datos, datos para reducir el fraude

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martes, 20 de febrero de 2018
Datos, datos, datos para reducir el fraude

El 81% de los británicos estarían dispuestos a ceder sus datos si se garantiza su salvaguarda con el objetivo de facilitar las transacciones, según un estudio de Callcredit


Superada esa primera fase de interacción, la red nos abrió un mundo de posibilidades para compartir todo lo que nos apeteciera con cualquier persona: reflexiones vitales, fotos de las vacaciones, documentos de trabajo... Sin duda, Internet nos facilita la vida, pero también es una ventana abierta a nuestra intimidad; de hecho una simple búsqueda de nuestro nombre en Google puede resultar en varias páginas de resultados. Y, si tenemos conocimientos más profundos, el buscador más conocido puede quedarse hasta corto. Eso es precisamente lo que aprovechan los ciberdelincuentes cuando buscan víctimas de sus delitos: son capaces de acceder a datos personales, ya sean públicos o privados -mediante sofisticados ataques de phishing o ransomware- con el objetivo de saltarse las medidas de seguridad de organizaciones que cuentan con nuestros datos y que, por ley, deberían ser capaces de custodiarlos con precisión para luego, entre otros, falsificar la información y cometer delitos en nombre de terceros a los que conocen perfectamente a través de la coordinación de la información obtenida lícita e ilícitamente de diversas fuentes en Internet.

 

No estamos hablando de casos aislados: el fraude por suplantación de identidad fue una de las principales amenazas que sufrieron las entidades financieras el año pasado, tal y como confirma el estudio llevado a cabo por la organización Financial Fraud Action, que señala también que las pérdidas por fraude tanto en tarjetas de pago, como en banca online o cheques falsos ascendió a 850 millones de euros en 2016. La buena noticia es que gracias a las tecnologías de prevención, se han evitado delitos por valor de 1,5 billones de euros. Sin embargo, no podemos bajar la guardia y por eso cualquier empresa que realice transacciones con terceros (es decir, todas), debería ir más allá en los controles y no quedarse solamente en la típica lista de atributos que se reduce al nombre, a la dirección y a la fecha de nacimiento para verificar la verdadera identidad.

 

El problema se plantea ahora en cómo recopilar datos desde miles de fuentes heterogéneas de forma legal y con información suficiente como para tomar una decisión y evitar que la persona con la que estamos cerrando un negocio sea un perfil falso que quiere usarnos como víctima de su delito.

 

Hasta ahora, los métodos tradicionales para evitar las falsificaciones de identidad no han tenido en cuenta al propio cliente, ya que se le ha solicitado en la mayoría de los casos que entregara documentación en papel para dar por válida su identificación, lo que produce molestias y alarga los plazos. Es cierto que es una buena forma de comprobar la identidad pero es un proceso tan engorroso que a echa para atrás a las personas honestas que no tienen intención de cometer ningún delito.

 

De hecho, en realidad, está más que demostrado que un proceso ágil y sencillo, con el mínimo contacto con el cliente es clave para reducir las tasas de abandono. Y esto se puede conseguir con una serie de datos externos fáciles de comprobar, como el número de teléfono, la dirección de correo electrónico o información sobre el dispositivo que utiliza para realizar las transacciones. Sin necesidad de solicitar datos adicionales al cliente, la organización puede comprobar si la transacción es lícita o si está planteando patrones de comportamiento ajenos a la normalidad, ya sea comprobando su identidad, su pasaporte o su cuenta corriente, por un lado, y la validez de la tarjeta con la que se realiza el pago (que no sea robada o pérdida o que tenga fondos suficientes), por el otro. Incluso los clientes están dispuestos a ceder sus datos si se garantiza su salvaguarda con el objetivo de facilitar las transacciones: así lo ha hecho saber el 81% de los británicos en un estudio llevado a cabo por Callcredit, en el que se les preguntaba por el nuevo Reglamento de Protección de Datos de la Unión Europea, que se aplicará en el Reino Unido a pesar del Brexit, al menos para cualquier empresa que realice negocios en la Unión. En este sentido, casi el 50% de los encuestados afirmaba que sólo por ahorrar tiempo en la identificación, ya valía la pena ceder los datos personales.

 

En definitiva, el equilibrio se encuentra en el momento en el que las organizaciones son capaces de mantener las ventas altas y las pérdidas por fraude lo más bajas posible. Existen muchos métodos para conseguir esto, pero es fundamental que se utilicen soluciones que no afecten al usuario, que no le asusten a la hora de solicitar datos que prueben la veracidad de sus datos y que no les supongan una pérdida de tiempo que pueda afectar al proceso de compra. Teniendo en cuenta esas simples premisas, lo más probable es que los clientes no supongan un riesgo significativo para la empresa.

 

Fuente: Juan Antonio Villegas, director general de Callcredit Spain

 

 

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