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La privacidad y la protección de datos en Internet están en manos de los consumidores

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jueves, 03 de agosto de 2017
La privacidad y la protección de datos en Internet están en manos de los consumidores

La tecnología nos ha facilitado la vida de una forma excepcional. Ahora podemos hacer gestiones con el banco desde casa sin necesidad de hacer colas y papeleo, podemos escribir y hablar con un amigo al otro lado del mundo a través de aplicaciones móviles, redes sociales o desde el ordenador. En este sentido ¿podemos estar seguros de que nuestros datos personales están suficientemente protegidos?


La ciberdelincuencia es una realidad. Según el último Estudio sobre la Cibercriminalidad en España, elaborado por la Secretaría de Estado de Seguridad, sólo durante el año pasado se realizaron un total de 60.154 hechos delictivos en Internet, de los cuales el 67,9% se corresponde a fraudes informáticos (estafas) y el 16,8% a amenazas y coacciones.


Tradicionalmente, los bancos han invertido grandes cantidades de tiempo y dinero en la protección de datos y la prevención del fraude, y cada vez que un cliente hace una transacción, se lleva a cabo un seguimiento tecnológico que avisa de cualquier anomalía que pueda ocurrir, en comparación con los patrones de comportamiento habitual.


Estas medidas han provocado un cambio de estrategia y ahora los ciberdelincuentes intentan hacerse con el control de los datos personales a través de las contraseñas de los usuarios o accediendo a información sensible en sus cuentas de redes sociales. Por lo tanto, mientras las instituciones financiera se centran en construir sus propias defensas, pueden estar descuidando el hecho de que quizá sean sus propios clientes los que, sin saberlo, las están debilitando.


Desde los ataques de suplantación de identidad a las brechas de seguridad de los datos, la naturaleza de la amenaza potencial es, desgraciadamente, tan variada, que los métodos de defensa de los bancos ya no pueden combatirla por sí solos. La privacidad y la protección de datos están pasando a manos de los consumidores por varios motivos:


En el caso de bancos y empresas, es prácticamente imposible evitar los daños a su reputación y la pérdida potencial de clientes si no les ofrecen el apoyo adecuado ante casos de usurpación de identidad. Por eso, quizá haya llegado el momento de que las entidades financieras miren más allá de la amenaza y vean el reto como una oportunidad en potencia. Para empezar, podrían educar a los consumidores sobre los riesgos y las medidas que pueden tomar para protegerse. Mientras algunas instituciones financieras podrían preguntarse si este es su cometido, dada la cantidad de dinero que pierden a causa de los fraudes, quizá la pregunta que los bancos deberían hacerse es si pueden permitirse no abordar el problema.


Al permitir a la gente tomar mejores decisiones sobre seguridad y prevención del fraude, respaldadas por un apoyo de relevancia y con conocimiento sobre la materia cuando algo sale mal, los bancos podrán mejorar su reputación entre los clientes. Como consecuencia, aumentaría la afinidad emocional y la lealtad del cliente hacia su banco, y se reducirían las cantidades que corren a cargo de los bancos en lo relacionado con actividades fraudulentas.


Está claro que para los clientes es importante proteger la información, por lo tanto los bancos deberían transformar sus propuestas y sacar partido de ello. Por ejemplo, si un banco amplía su alcance en la vida del consumidor al ofrecer servicios de almacenaje seguro de datos para ayudar a los individuos a proteger su huella digital, el sentimiento de confianza no puede hacer otra cosa que crecer. Llegará un momento en el que esto haga más difícil la decisión de cambiar de banco, una oportunidad demasiado buena como para ignorarla.


Esta situación debe verse como una fuente de oportunidades para la comunidad bancaria. Una oportunidad para ayudar a los clientes a protegerse (y, automáticamente, proteger al banco) y para que las instituciones financieras sitúen a su organización en el centro de más áreas de la vida de las personas, evitando así el trasiego de clientes y fomentando relaciones más arraigadas y duraderas con los clientes.

 

 

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